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CALDO RADICAL
por Mila Oya

•Ebook en pdf de 22 minutos aprox.
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•Sinopsis

Cuatro personajes se presentan a un concurso promocional de una marca de cubitos de caldo. El premio consiste en una operación de cirugía estética que ganará aquel que demuestre que es el que sufre mayor marginación a causa de su aspecto.
Esta obra desarrolla el tema de la discriminación social.

•Personajes

Ana- 55 años, obesa.
Berta- 35 años, bella.
Jon- 40 años, aspecto enfermizo.
Boris- 30 años, inmigrante.
Enfermera

CALDO RADICAL
POR MILA OYA

Sala de espera de un cirujano plástico. En el escenario hay cuatro paneles con los nombres de los personajes.
La sala está vacía. La puerta se abre y aparecen los cuatro personajes empujándose por entrar los primeros. Al fin penetran en la sala y ocupan cada uno un asiento libre. Permanecen un rato en silencio mirándose y ojeando las revistas. Hasta que deciden saludarse con la cortesía que no han demostrado hasta ahora.

Ana- ¡Buenas tardes!
Berta- ¡Buenas tardes!
Jon- Buenas
Boris- Que sean buenas.

Se cruzan miradas aviesas. Los personajes permanecen en total silencio. Algunos han tomado una revista y se disponen a esperar aparentemente como cualquier paciente, pero la tensión se palpa en el ambiente. De súbito entra la enfermera luciendo una enorme sonrisa.

Enfermera- ¡Buenas tardes a todos! Les agradecemos mucho que hayan participado en la promoción Caldo Radical, reuniendo los puntos que aparecían en los más deliciosos cubitos de caldo del mercado y demostrando así que no hay más caldo que el gran Caldo Radical. Imagino que habrán traído los puntos que garantizan su calificación en el concurso.
Boris- (Poniéndose en pie y mostrando un fajo de papeles)- Yo soy Boris. Aquí los tiene. 563 puntos que he conseguido después de engullir 1752 cubitos de ese... bueno, de ese ...
Enfermera - ¿Delicioso? ¿Exquisito? ¿Sabroso?
Boris- (Cariacontecido) Bueno, pues eso, sabroso Caldo Radical. Y, desde luego, yo soy el que más necesita ese cambio radical.
Enfermera- Le llamamos Caldo Radical. Ya saben, para seguir con la promoción.
Boris- Lo dicho. Que el Caldo Radical debe corresponderme a mí. Al fin y al cabo soy un inmigrante. ¿Puede haber alguien más necesitado de un..., bueno de un buen Caldo?
Ana- ¡El colmo! (Poniéndose en pie y aproximándose a la enfermera)Yo soy Ana. ¡Y aquí tiene mis 563 puntos! Los he conseguido después de “saborear” más de 2956 cubitos de finísimo, exquisito y delicioso Caldo Radical. (Se vuelve hacia Boris le dedica una mirada agresiva y se da una vuelta en redondo para que todos puedan contemplarla.) Ahora creo que ya nadie dudará de que yo soy la que más precisa del Caldo.
Jon- ¿Pues yo no termino de verlo? ¿Qué es lo que usted desea cambiar?
Ana- (Todavía de pie y enfadándose)- ¿Es que le pasa algo en los ojos? ¿Es eso lo que quiere cambiarse? Sino no me lo explico. Salta a la vista que soy una mujer fea, gorda, con una dentadura terrible, sin tetas y con demasiados granos para haber cumplido ya los 55. Solo el detalle de las tetas sería definitivo para que se me adjudicara justamente el premio del Caldo Radical. Todo el mundo sabe que sin tetas no hay.... bueno, no hay nada, ni ascensos, ni respeto en el trabajo.
Berta- ¡Alucino! ¡Esto tiene que ser una broma!
Ana- ¡Leches! ¿Broma? ¡Eso te parecerá a ti, con una talla 100 de tetas! Con eso no habría ascenso que se me resistiese. (Ocupa de nuevo su asiento)
Berta- Lo que yo decía. Tiene que ser una broma. (Se levanta y se acerca a la enfermera) Yo soy Berta. Estos son mis 563 puntos (Mira hacia Ana y a Boris) Conseguidos tras consumir 3001 cubitos de su pestilente, perdón, delicioso Caldo Radical. Y espero que me den derecho a librarme de estas tetas talla 100 que no permiten que nadie me tome en serio en el banco. Porque unas tetas, compañera, solo valen para que llegues a casa con un millar de asquerosos ojillos masculinos pegados al escote y para que hasta el último y más cateto de tus compañeros de trabajo promocione antes que una.
Ana- ¡Paparruchas! Con unas tetas como las tuyas, ni me importarían , la gordura ni los dientes picados ni los granos purulentos. Al fin y al cabo ¿Quién iba a fijarse en ellos?
Enfermera- El Caldo Radical no se hará por intercambio. Ya se lo hemos advertido. Solo el que demuestre ser el más necesita la operación de cirugía plástica, porque es el más marginado por su aspecto, se llevará el premio Caldo Radical.
Boris- Pues ya pueden ir cerrando la convocatoria y concediéndome el premio. Cuando termine la operación me presentaré ante todos como un hombre occidental más. Borraré cuantos rasgos de mi rostro recuerden mi origen. Entonces quizá pueda encontrar un trabajo de economista, acorde con mi titulación y abandonar para siempre la gran oportunidad que esta sociedad me ha concedido subido al andamio. Seguro que hasta los insultos en el metro se acabarán. Bueno, supongo que como hombre blanco no volveré a pisar el puto metro.
Berta- ¡Eso no va a ser posible, amigo mío! Yo voy a ser el tío blanco que salga de esta sala. Solo como hombre conseguiré entrar en el consejo de administración del banco. (Ocupa de nuevo el asiento)
Jon- A las mujeres, esos seres desconocidos, no hay quien os entienda. (Levantándose y aproximándose a la enfermera) Yo soy Jon. Mis 563 puntos (Entregándoselos a la enfermera) y aunque parezca sorprendente, necesito ser una dulce señora. Por lograr este cambio radical, lo siento, este Caldo Radical, he desayunado, comido y cenado, durante un año y medio con cubitos del “delicioso Caldo Radical”. Me ha subido el colesterol y los triglicéridos se me han disparado. Creo que solo por esto me merezco ser una mujer.
Ana- ¿Qué leches significa esto? Una mujer que quiere ser hombre y un hombre que quiere ser mujer. ¿Es que ha perdido un tornillo? ¿Qué tipo de enfermo mental quiere ser una señora? Entre la regla los embarazos y la menopausia, ser tía es un sin vivir.
Jon- Yo deseo tener hijos. Es lo que más he ansiado desde que he nacido. Sentir como una vida crece en mis entrañas, lentamente, con la cadencia de los sucesos extraordinarios. Debe ser algo maravilloso que anhelo experimentar. Para eso estoy en la consulta de un cirujano.
Boris- Todo eso está muy bien. Usted quiere conseguir el sueño de parir. La señora Ana precisa de respeto profesional y doña Berta quiere el poder en la empresa. Yo, sin embargo, necesito operarme para sobrevivir. Creo que el premio es mío (Sonriente)
Enfermera- Como quieran. Pero ya conocen las bases del concurso. Ustedes exponen su caso y después son los consumidores los que tomarán la decisión final. A ellos les corresponde determinar quién precisa más del delicioso, exquisito y refinado Caldo Radical.
Ana- Pues estamos apañados. ¡Leches! La tía de las tetas se llevará el premio. ¡No hay derecho! Las tetas ganan a los granos, aquí y en Madagascar. (Decepcionada)
Berta- Yo no lo tengo tan claro. Cuando todos sepan que quiero ser un hombre, se armará la gorda.
Ana- ¡Sin faltar, señora!
Berta- Primero se pondrá en cuestión mi condición sexual.
Ana- Lógico ¿no? Si usted quiere ser hombre es que le gustan las mujeres.
Berta- ¡El razonamiento típico! Yo no estoy aquí para variar mi condición sexual que siempre ha sido de los más conservadora. Yo solo deseo que se reconozca mi valía en el banco. He luchado mucho desde el principio, lo he dado todo por el trabajo y por ello, no pienso soportar que hasta el último gandul de la oficina consiga ascender mientras a mí solo me requieren en la gran sala del consejo de administración para que sirva café. ¡Es humillante! Si fuera un hombre, o al menos tuviera esa apariencia, a estas alturas presidiría la empresa. ¡Soy la empleada más cualificada!
Jon-Trabajo, trabajo y más trabajo. Es lo único que importa en esta sociedad cruel. ¿Qué hay de la emoción de una vida creciendo dentro de un vientre abultado? ¿Qué hay del intenso amor que inunda a la madre, cuando por primera vez le depositan al bebé en su regazo? Me saltan las lágrimas solo de pensarlo. Berta- ¡No me extraña que con esa actitud nadie le comprenda en su entorno! ¡Es más tierno que Winni the Poo! (A la enfermera) Qué quede claro que si aceptan convertirme en un varón, no quiero que sea en uno como este.
Boris- ¡Como si lo viera! Lo que usted desea es salir del quirófano con la forma de un macho blanco dominante, bien agresivo que irá pegando sus ojillos sobre escotes talla 100 y marginando a cuanto inmigrante se eche a la cara. ¿Nos insultará también en el metro?
Berta- ¿Es obligatorio para ser varón?
Boris-Sí, para ser un macho triunfador.
Berta- Haré lo que pueda. Me aplicaré, se lo aseguro.
Jon- Todos me dais lástima. Vuestras ansias de poder y dinero me repelen. Solo el amor y la vida que empieza tienen importancia. (Con lágrimas en los ojos) Solo la sonrisa de un niño, el dulce olor de un bebe que echa andar en esta dura vida...
Ana- ¡Qué ridículo! ¡Leches! ¡Menudo tío empalagoso! Porque no has tenido hijos nunca. Yo tengo a dos adolescentes y te aseguro que los momentos de tensión en los que siento ganas de asfixiarlos ganan con mucho a los tiernos y candorosos. Y el dinero...¡Es lo más importante para los chicos! “Mamá, necesito dinero para salir” “Mamá, suéltame algo para unas zapatillas de marca, para la peluquería, para un nuevo Tatoo, para el saldo del teléfono, para el cine, para la conexión a internet, para... ¡La lista no acaba nunca! ¡Leches! ¡Hay que disponer del presupuesto de la casa real para traer hijos al mundo! Berta- A mi eso de los niños me trae sin cuidado. No necesito que realicen variaciones en mi aparato reproductor. Solo quiero que mi aspecto exterior me permita pasar por un hombre. El resto lo haré por mi misma. Con ese disfraz, soy muy capaz de aplastar sin dudar a cada uno de mis contrincantes. Me aplicaré para insultarle como es debido (Dirigiéndose a Boris). Daré la talla. ¡Se lo aseguro! Y si es necesario que regularmente me rasque la entrepierna, pues, lo dicho, me rasco y andando. (Hace una demostración) Llevo días ensayando. ¿Cómo lo hago?

Las expresiones de los presentes son variadas. Hay quien parece aprobar el gesto y hay quien no lo ve claro.

Boris- ¡Qué delicadeza! ¡Qué encanto! Sospecho que no les costará mucho completar su cambio, o caldo, a macho dominante. Está usted a un paso.
Berta- (Sonriendo satisfecha) ¿Usted cree? Es que soy tan voluntariosa...Como hombre seré un verdadero fenómeno de social. (Vuelve a rascarse la entrepierna con evidente orgullo)
Jon- Y yo os digo que la violencia no tiene sentido. Que debemos darle una oportunidad a la paz. Que hay que destruir todas las pirámides.
Ana- ¡Leches! ¿Las de Egipto? (Confundida) ¿Por qué? ¿Qué le han hecho a usted los pobres egipcios? ¿Qué tienen que ver con esta promoción?
Jon- Nada de nada. ¡Esto no tiene nada que ver con las culturas antiguas, señora! Hablo de las pirámides sociales, las pirámides alimenticias. Todas esas PIRÁMIDES que encumbran a un ser supremo que se dedica a aplastar a todos los demás.
Berta- Encumbran a un hombre, claro está. ¡Lo que yo les decía!
Boris- Perdón. Encumbran a un hombre blanco.
Ana- Hombre al fin y al cabo. Nunca a una mujer, ni blanca ni verde.
Berta- Pues lo que yo decía. ¡Estoy decidida! Hasta me he comprado un traje de Hermenegildo Zegna. ¡Es que es tan masculino y realza tanto las formas del varón!
Ana- ¡Leches! ¡Te quedará como un guante! Aunque te habrá costado carísimo.
Berta- (En un susurro a modo de confidencia) Tirado en las rebajas de los grandes almacenes de la esquina. (Sigue la confidencia) Aunque, ¿usted cree que combina con una indumentaria tan elegante llevarse la mano al paquete con regularidad? Yo no lo tengo del todo claro.
Ana- Yo creo que con ese tipo de ademanes ligar no ligará mucho, desde luego. Pero todos sus compañeros varones del banco supondrán que tiene un miembro de descomunal tamaño y la mirarán con envidia y respeto. Además después de conseguir una ganga en las rebajas qué más puede importarle (Con mirada soñadora) ¡Rebajas! ¡Leches! ¡Quién pillara unas buenas rebajas! Cuando salgamos de aquí me pienso comprar un sujetador talla 100 o 120 que me va a quedar de infarto. Mis amigas se morirán de envidia y no solo por mi protuberancia pectoral, le dejaré colgada la etiqueta para demostrar que yo también puedo conseguir una ganga en las rebajas. ¡Este premio me va a cambiar la vida! ¡Leches! Ya me estoy relamiendo.
Boris- Eso aún está por ver. Seré un inmigrante, pero también soy varón y a competitivo no hay quién me gane. Somos por lo menos 50 de familia. ¿Quién va a poder reunir más votos que yo?
Jon- (Deprimido) Si hubiese tenido hijos, si los hubiese parido, seguro que también me hubiesen votado. Pero como no ha podido ser...
Ana- ¡Qué hombre más deprimente! ¡Un poeta!
Berta- Poeta sí, pero hombre al fin y al cabo. Tengo sus ojillos pegados en el escote.
Jon- ¡No sea injusta! Solo la miro pensando en lo bien que amantaría a mis niños con esa potente delantera.
Ana- Era sabido que las tetas ganan a la piedra, al papel y a la tijera. ¡Yo quiero unas como esas! ¡Las necesito urgentemente!
Enfermera- Conserven la calma. Las votaciones están a punto de comenzar. En esos paneles podrán ir siguiendo la llegada de los votos.
Ana- ¡Qué nervios! ¡Leches!
Enfermera- (Consultando su reloj de pulsera) ¡Silencio! ¡Comienza la cuenta atrás!
Boris-¡Venga familia! Os quiero a todos colgados del teléfono.
Enfermera- 10-9-8
Jon- (Suspirando) ¡Ojalá tenga suerte!
Enfermera- 7-6-5
Berta- ¡A ver si acabamos de una vez!
Enfermera – 4-3-2-1
Todos al unísono- ¡¡¡¡0!!!!
Enfermera- ¡La votación ha comenzado! Las líneas estarán abiertas durante 20 minutos. Después sabremos quién ha resultado ganador. ¡Va a ser de lo más emocionante!
Ana-(Pegando un salto de alegría) ¡Mi primer voto! ¡Es genial! (Volviéndose a los demás satisfecha y feliz) Es la gordura, claro está. A todos les repele. Teníais que ver que miradas de asco me dedican por la calle. ¡Es fantástico! ¡Los michelines me proporcionarán la victoria! Los espectadores harían cualquier cosa para borrar de la faz de la tierra una gorda como yo. Hasta votarla para que la opere un cirujano.
Enfermera- ¡Tranquila que aún estamos empezando! Para que lleven mejor la espera les proporcionaremos un tentempié delicioso.

La enfermera sale de la sala.

Berta- (Aplaudiendo como loca) ¡Por fin! Un voto. Ya me extrañaba que tardaran tanto en votarme.
Boris- (Confuso) No comprendo porqué no aparecen los votos de mi familia. ¿Nos habrán cortado el teléfono? Espero que la abuela no haya agotado la tarjeta del móvil otra vez.
Jon- ¡Ay! ¡Qué dolor! Se ve que a mí no me va a votar nadie. Debí imaginármelo. Estoy tan solo. ¡Tan abandonado! Nadie me comprende. La poesía y el amor universal están de capa caída en este mundo miserable en el que nos ha tocado vivir.
Berta- ¡Sí! Otro voto. ¡Voy a arrasaros a todos!
Ana-(Fastidiada) ¡Lo sabía! ¡Las tetas son mágicas! ¡Ya os lo decía!

De repente se produce un apagón. Todos protestan airados.

Berta- ¿Qué demonios ocurre aquí? ¡Se han apagado los marcadores! Me han borrado todos los puntos. ¡Canallas! ¿Qué tienen contra mí?
Ana- ¡Qué penita me das! (Irónicamente)

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